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Impact Ventures, Promotora Social México

De migrantes a empresarios

David Martinez Meyer 3 min de lectura

En diciembre de 2025 tuve la oportunidad de visitar Oaxaca. Fui a una boda y aproveché para recorrer algunos lugares cercanos, entre ellos Hierve el Agua, con sus famosas cascadas petrificadas, a unas dos horas de la ciudad.

De regreso, en la carretera —en uno de esos tramos donde parece que no pasa absolutamente nada— hicimos una parada rápida en una gasolinera. Fue ahí donde algo me llamó la atención: un pequeño local de donas con una fila sorprendentemente larga, compuesta casi en su totalidad por gente local. Personas que claramente sabían a lo qué iban.

Entramos por curiosidad. Pedimos varias donas para probar un poco de todo y, al momento de pagar, pregunté casi por instinto por la historia del lugar. Algo se sentía distinto.

La cajera volteó hacia la cocina y llamó a uno de los fundadores.

Salió Heliodoro. Migrante. Vivió en California desde finales de los años ochenta hasta principios de los dos mil. Durante años trabajó en una franquicia de donas (llamada Winchell's Donuts House), donde aprendió el oficio: preparar, hornear, repetir. Ahí entendió el proceso, el estándar, la importancia de la consistencia.

Años después decidió regresar a su pueblo de origen y, para ganarse la vida, no buscó inventar nada, sino hizo algo que es mucho más difícil de lo que parece: replicar bien lo que ya funcionaba.

El producto, el layout del local, los colores, las máquinas —traídas desde California— incluso el nombre: de Winchell’s a Wicho’s Donuts House. Todo tenía una lógica. Todo estaba ahí por una razón. Y Heliodoro seguía en el local, en primera fila, trabajando, cuidando cada detalle como si fuera el primer día.

De regreso al coche probé las donas. Estaban espectaculares. Pero más allá del sabor, lo que realmente me acompañó el resto del día fue la historia del emprendedor.

Un migrante que se fue a buscar una mejor vida. Que aprendió un oficio con disciplina durante años. Y que decidió emprender no para “salir”, sino para regresar.

Pensé en cuántas veces sobrevaloramos la innovación por la innovación misma. En cuántas ideas se quedan en el aire persiguiendo disrupción, cuando lo que muchas veces falta es ejecución, oficio y contexto.

No siempre se trata de inventar algo nuevo. A veces se trata de llevar algo que ya funciona a un lugar donde aún no existe. Y hacerlo mejor que nadie.

Negocios así rara vez aparecen en los headlines. Sin embargo, sostienen economías locales, crean mercado donde antes no lo había y, quizá lo más importante, permiten que familias enteras vuelvan a estar juntas, viendo a los suyos ganarse la vida con dignidad, sin tener que sacrificar años lejos de casa en otro país, como es el caso de Estados Unidos.

Ojalá que México se llene de más historias como la de Heliodoro. Más emprendedores que construyen desde el oficio, la constancia y la cercanía con su producto.

Y si algún día pasan por carretera en Oaxaca, ya saben Wicho’s Donuts House es parada obligada. Sin duda este emprendedor está viviendo el sueño americano, pero en México.

Por Sergio García

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