Desbloqueando lo imposible
David Martinez Meyer 4 min de lectura
Que si estamos al borde de una nueva guerra mundial, que si a las élites financieras y de gobierno ya no les importa el cambio climático, que si USAID dejó desamparados a miles de proyectos en la región o que la inversión de impacto es un grupo de inversionistas que se escudan en conceptos falaces como “capital paciente” o “capital catalítico” para justificar el fracaso de sus inversiones.
En fin, para los miembros del ecosistema de impacto parece que razones para desmotivarse hay muchas; razones para creer que solamente son pocos quienes se preocupan por dejar un mundo mejor del que recibieron.
Que la enorme deuda social que tenemos los países latinoamericanos en términos de accesibilidad y asequibilidad de oportunidades educativas y de salud, de inclusión financiera y, por ende, de movilidad social con los más necesitados, es apenas una anécdota de los libros de texto.
Que esas personas más desfavorecidas de la sociedad se vuelven invisibles cuando llegan los desastres naturales, o cuando se acaba el agua, o cuando se rompen las cadenas de suministro por pandemias… que sus rostros se borran entre las estadísticas de los desastres.
Y así, con todas las razones por las cuales podría haber pesimismo en los emprendedores e inversionistas del ecosistema de impacto latinoamericano, llega el Foro Latinoamericano de Inversión de Impacto. Una fiesta y celebración anual que, para revitalizar y motivar las misiones y visiones personales y organizacionales, nunca llega tarde.
Emprendedores convencidos de que la solución que están construyendo realmente cerrará las desigualdades sociales o las crisis ambientales que vivimos. Inversionistas que escuchan con interés y esperanza, queriendo entender estas soluciones para apoyarlas. Fundaciones cada vez más convencidas de que, además de apoyar a las organizaciones de la sociedad civil, es necesaria la inversión de impacto porque impulsa y motiva de una forma distinta, sin obviar que vuelve sostenible el impacto en el tiempo.
Más de 1,100 personas no son pocas, sobre todo cuando el 50% de ellas atienden por primera vez.
Más allá de la oportunidad de conocer emprendedores espectaculares con ideas geniales, este año me parecieron fascinantes las discusiones proactivas de los inversionistas principalmente en dos temas:
- Preocupados por la falta de liquidez en nuestros mercados, la constante era compartir ideas que empiecen a dar resultados para que otros inversionistas puedan aplicar modelos similares. Probablemente veamos que el péndulo se mueva hacia el lado de la deuda mientras encontramos, como industria, un punto nuevo con ventajas para todos. Si algo caracteriza a esta industria es la búsqueda del ganar-ganar en todos los proyectos.
- Cómo llenar los vacíos que dejó desde enero de 2025 USAID. Después de la avalancha y la reacción automática de sobrevivir, el ecosistema empieza a madurar y algunos valientes levantan la mano para liderar el esfuerzo de llenar la mayor cantidad posible de huecos. Para nadie es un secreto lo relevantes que eran esos recursos para ONG y emprendedores en etapas tempranas.
Entre haciendas, autobuses, aires acondicionados, sillas para networking y casonas yucatecas, las ideas fluyen y las energías se renuevan, las relaciones se crean y la confianza se solidifica, las personas dejan de ser colaboradores de trabajo y se convierten en aliados y amigos. En 2026, el FLII lo hizo de nuevo.
Gracias a los viejos y nuevos contactos por tres días espectaculares.
Así que a aprovechar las energías renovadas y a construir un nuevo año de soluciones que mejoren la calidad y las condiciones de vida de nuestra región.
Por Miguel Gallo